Yo creé a los guardianes de Valencia


El mundo.es publicó el 28/09/2014

  • Salvador Monleón, artífice del Pont del Regne, el más grande de la ciudad, cuenta la historia de esta singular obra y analiza la actualidad de las obras públicas
Salva Monléon, autor del Pont del Regne. JOSÉ CUÉLLAR

Salva Monléon, autor del Pont del Regne. JOSÉ CUÉLLAR

No son gárgolas; las gárgolas son otra cosa. Pero quizá tenga que ver con el imaginario juvenil: cuando se construyó el Pont del Regne (1999) «estaba de moda una serie de dibujos llamada Gargoyles, donde unas figuras aladas pasaban de la piedra a la vida». Una confusión pop. Sea como sea, el puente, con sus guardianes alados que parecen demonios o así, es uno de los iconos modernos de la ciudad. Parece una anomalía en una Valencia llena de excesos y edificios blancos con pinchos. El puente tiene historia, anécdotas, explicaciones y, sobre todo, un autor. Salvador Monleón es el responsable de algunas de las obras más peculiares de la ciudad… y no es al autor de otras que sí deberían haber sido suyas.

«El Pont del Regne no es el trabajo de una arquitecto estrella», explica, «es un puente urbano, pensado para convivir con edificaciones de los años 30». Es «racionalista» y razonablemente barato. «No hay agua en el cauce, ¡no hay que salvar ningún río!», dice, justificando un coste que no superó los 4 millones de euros(aunque se pagó en pesetas). Y eso que hablamos del puente «más grande Valencia, con 6.000 metros cuadrados». Aunque gran parte de su atractivo turístico son esas ‘gárgolas’ realizadas en el taller del escultor Joan Martí. «Son muy Gotham», cuenta Monleón, «esa ciudad del cómic de Batman que es nueva pero vieja, como los primeros rascacielos americanos». La idea de los guardianes con aspecto demoníaco tiene que ver con las estatuas que se instalaban en los accesos de los puentes para compensar el empuje horizontal de los arcos. «También, como hacer uno era un asunto casi mágico, porque no se sabía si iban a resistir al ser descimbrados, los autores colocaban imágenes de santos o protectores en ellos». Como el puente de Alejandro III en París, por ejemplo. Cada estatua costó menos de dos millones… de pesetas.

Su imagen, muy reconocible, se ha convertido casi en un icono turístico y mediático. Como las nuevas Torres de Serranos. Pero el uso de la imagen no convence del todo a su autor. «No tengo ningún problema, pero hay casos en los que la falta de tacto y de cultura son muy evidentes. Hay una falla que usa el guardián en su estandarte, y un restaurante de Quique Dacosta lo emplea como logotipo corporativo. ¿Nadie piensa en que alguien lo habrá hecho? Nadie me pidió permiso y cuando ocurrió me sentó mal, la verdad», explica Monleón.

El Pont del Regne comenzó a gestarse en 1990, como parte de un proyecto del PAU de Avenida Francia, en ese momento zona en expansión. Los constructores de la zona pagaban los accesos para mejorar sus nuevas viviendas. Monleón tenía el encargo de hacer dos puentes: el del Regne y el del Assut de l’Or. El segundo no llegó a hacerlo nunca. «Estaba diseñado y presupuestado, unos 5 millones de euros… pero Santiago Calatrava se enteró, vio que estaba pegado a su Ciudad de las Artes y las Ciencias y movió ficha», explica Monleón. La historia está documentada y en titulares de la época, pero viene a resumirse así: «ofreció un ascensor panorámico y honorarios gratis, un puente más lujoso por el mismo dinero. Y el Ayuntamiento se lo dio a él». Al final, el ‘jamonero’ ha costado 60 millones de euros, no tiene ascensor alguno y el arquitecto cobró honorarios.

«Lo de los sobrecostes son errores de planificación. Por parte de Calatrava, busca ‘convencer’ a la administración con proyectos atractivos; por parte del Ayuntamiento… es que no hay planteamiento alguno». Monleón es doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y catedrático de Puentes de la Universidad Politécnica de Valencia. Sabe cómo se construyen estas cosas. «Mira, el Puente de la Alameda tiene un problema de elección de materiales. Los problemas que ha tenido tienen que ver con la adherencia del pavimento bituminoso. Pero esas cosas se pueden analizar, ¡si mandamos cohetes al espacio!», cuenta. Otro caso, el Puente del 9 de Octubre. «Fue de risa. Lo pagaba Carrefour, que quería un buen acceso, y eligió a un arquitecto que le daba un impacto visual. Se presupuestó por 190 millones de pesetas y cuando llevaban 400 pagados decidieron parar. El puente no iba a ser así». Son dos casos de Calatrava, pero Monleón apunta otro, el del Puente de las Flores, como ejemplo de mala planificación. «El Ayuntamiento decidió instalarlo porque se dio cuenta de que los coches pasaban mucho por ahí durante las obras del puente de la Alameda. Pero no era parte de un proyecto urbanístico definido, lo hicieron sobre la marcha».

Aunque no es su área, Monleón habla sobre el famoso trencadís del Palau de les Arts. «Es algo curiosísimo. El acuerdo para reponerlo ha sido de compadreo, una suerte de ‘pacto de gentlemans’ para dar buena imagen. Pero hay una cosa clara, y es que la constructora y el arquitecto buscarán la opción más barata, porque es su dinero. Lo normal, en otras ciudades, es que sea la Administración la que lo repare y pida el dinero del coste», razona. Un problema, explica, «que tiene que ver con la idea de un arquitecto de dejar su marca personal en todas las obras, su estética, sin importar si es lo más adecuado para el proyecto o no».

Valencia, explica el catedrático, no ha elegido demasiado bien en los últimos años. «Hay casos de buena planificación como Bilbao y su ría o Barcelona en el año olímpico (1992). En Valencia se podría haber construido mucho mejor, con más nombres de arquitectos e ingenieros reconocidos, con más diversidad». Sobre la situación actual de la ingeniería, Monleón cree que habrá que readaptarse. Los nuevos tiempos son de «tecnología, conservación y medio ambiente». Los nuevos tiempos son difíciles para todos. Habrá que encomendarse pues a los guardianes de la ciudad.

SALVADOR MONLEÓN

Es autor, entre muchos otros proyectos, de la Pasarela atirantada sobre el río Serpis en la ciudad de Gandia (1987), el Pont de la Generalitat en la ciudad de Elche (1993), la estructura E-3 en la autovía de acceso al Puerto de Alicante (1996), la Pasarela de Villaluz en la ciudad de Cuenca (2003), el Puente sobre la rambla de Alcalá en Benicarló (2007) y el Puente sobre el Júcar en el acceso sur a Cullera (2007).

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