Andy Warhol, el hombre que transformó el arte en negocio


LaVanguardia.com publicó el 22/02/2012 por Teresa Mª Amiguet Molina

Retrato-de-Warhol-con-su-perro

Veinticinco años después de su muerte, Andy Warhol continúa siendo uno de los artistas más influyentes y carismáticos de la historia del arte y la cultura contemporaneas. Tachado de frívolo, cualidad de la que alardeaba, fue tratado duramente por la crítica, que obnubilada por su polémica y licenciosa vida y su extraño aspecto (portaba una estrambótica peluca plateada) no supo apreciar su talento.

Warhol fue un innovador que desmitificó la concepción del artista como un difícil oficio que precisaba de duros años de formación y perfeccionamiento. La transformó en un mero negocio cuyo único mérito radicaba en ser una celebridad y… ganar dinero. Su objetivo no era crear algo nuevo y original, para él triunfo era sinónimo de ganancia y para ello bastaba con seguir las normas de la publicidad, no del arte.

Fundador, junto a  Wesselman, Rosenquist, Oldemburg y Liechtenstein, del pop art americano a principios de los sesenta, y se erigió como gurú del arte al romper las barreras entre éste y la cultura de masas. Su íntimo deseo era alcanzar la fama que, como prototipo del artista joven, consiguió a los treinta años. Una vez conseguida, la utilizó cual experto en redes sociales para convertirse a sí mismo en una rentable marca. ‘El arte comercial es mucho mejor que el arte por el arte’ afirmaba. Y en la Factory, legendario almacén donde Andy y su cohorte ‘trabajaban’, vivían y celebraban legendarias fiestas, actuaba en consecuencia produciendo en serie sus creaciones.

Bajo esta premisa, alcanzó la celebridad y consiguió el pasaporte a la fama eterna inspirándose en las estanterías de los supermercados, convirtiendo en obras de arte objetos tan cotidianos y populares como los detergentes, los plátanos, o las latas de sopa Campbell, que compulsivamente ingería a diario.

Andy fue ante todo un ‘trashumante’ del arte que cultivó todas las disciplinas: dibujante, pintor, cineasta, fotógrafo, productor musical y floreciente empresario a la postre.

Andrew Warhola había nacido en Pittsburgh bajo el signo de Leo en 1928. Tercer hijo de una humilde familia de inmigrantes eslovacos, vivió una dura infancia. En tercero de primaria, contrajo la corea de Sydenham, popularmente conocida como ‘baile de San Vito’,  enfermedad que le provocó cambios en la pigmentación de su piel y le obligó a guardar largos periodos de convalecencia que aprovechó para dibujar y pintar, rodeado de revistas y paredes decoradas con fotografías de estrellas cinematográficas. Se estaba fraguando el genio.

Al fallecer su padre, que era minero, la familia vivió al borde de la miseria. Así surgió un fuerte vínculo con su madre, Julia. Gran parte de los textos de sus primeros trabajos eran manuscritos realizados por ella, su ingenua caligrafía encandiló al artista hasta el punto de confiarle su propia firma.

Tras graduarse en diseño gráfico en el Instituto de Tecnología Carnegie a los veintiún años, se traslada a Nueva York, donde adopta el nombre que le haría famoso, Andy Warhol, marcando así el punto de partida de su carrera artística. Ya instalado, empieza a colaborar como ilustrador comercial para revistas como ‘Tiffany & Co’, ‘Vogue’ o ‘Glamour’ logrando así una ansiada seguridad económica al alzarse como uno de los grafistas más solicitados y mejor pagados de la gran manzana. Paralelamente, publica varios libros que regala entre sus conocidos.

Empieza entonces a desarrollar su obra celebrando su primera exposición individual, treinta y dos latas idénticas de sopa Campbell, a los treinta y cuatro años. Empieza a trabajar con sellos de goma y a crear obras con motivos reiterados que luego colorea a mano, haciendo de la repetición su seña de identidad. Sus primeros cuadros en 1960 beben de la publicidad y el cómic, Popeye o Batman son sus protagonistas. Entre 1962 y 1965 acuña el estilo que le da la fama y reconocimiento internacional. Es el desembarco del uso de imágenes de difusión masiva, con el que pretende denunciar el materialismo de la época. Las botellas de Coca-Cola, bebida igualitaria por excelencia, las latas de sopa Campbell’s, los retratos de estrellas del cine, la canción o la vida social (Liz Taylor, Marilyn, Jackie Kennedy) datan de esa época, aunque también se revela entonces el Warhol social, comprometido, que con su colección Death and Disaster recuerda a su público el aspecto menos amable de la sociedad, retratando disturbios raciales, o la silla eléctrica.

En 1968 Valerie Solanas, feminista recalcitrante, despechada por no ver publicada su obra en una de sus publicaciones atenta contra su vida, Warhol sobrevive pero de nuevo se ve obligado a guardar  reposo, lo que le convierte en un hipocondriaco compulsivo.

En los 70, realiza la serie ‘Skulls’ de retratos significativos, y empieza a realizar sus obsesivos autoretratos .

Siempre presto a la investigación, prueba suerte también en el cine, que le ocupa exclusivamente varios años, convirtiéndose en uno de los cineastas experimentales más celebrados a la par que vilipendiados del momento. Y llega incluso a debutar como actor en 1979 en Cocaine Cowboys interpretándose a sí mismo.

En los 80, empieza a pintar cuadros de artistas renacentistas, y en 1983 retrata a Miguel Bosé para la portada de su álbum Made in Spain. Ese año visita Madrid donde expone con poquísimas ventas. En esa época retrata a cambio de grandes sumas a celebridades y magnates del momento. En 1986 pinta sus últimas obras, los retratos de Lenin y Mao.

Ocho años después la muerte pone broche a su polémica vida. Una investigación judicial debe  aclarar las circunstancias en que le sobreviene, dado que fallece de un paro cardíaco tras una ordinaria operación de vesícula. Es enterrado con su peluca plateada y un traje negro de cheviot. Su herencia también es pasto de una compleja lucha judicial que se resuelve al ser valorada finalmente en la cifra de 220 millones de dólares en 1993. Suma nada desdeñable para un hombre cuya obsesión era ganar ese puñado de dólares que tan compulsivamente dibujaba con empeño.

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